La decisión estaba tomada, iba a ser todo un hombre mas aparte iba a tomar clases de Karate, y los deseos ridículos de ser una niña con un mundo color de rosa iban a desaparecer. Como un acto impulsivo comente con mis padres todos mis planes ya que era una manera de comprometerme a cumplir todo lo que había dicho.La verdad no creí que fuera a ser todo tan rápido, pues ese mismo día buscamos información sobre las clases y horarios con el primo de mi padre que era ademas mi padrino de bautizo, unas cuantas horas mas tarde estábamos en su Dojo, viendo una clase de 8:00 a 9:00 de la noche.
Parecía que todos estaban muy entusiasmados con mi nueva decisión, la verdad no entendía por que, no importaba pues en ese momento no me quedo mas que sentarme y ver la clase, y pensar en que seria una persona normal, y tendría una vida plena con una esposa e hijos, aunque debo de reconocer que muy en el fondo de mi ser, estaba gritando y sentía que estaba a punto de firma una acta que significaría mi una condena total. Fue entonces que mi padrino me pregunto ¿ Entonces si te vas a inscribir ?, a lo que conteste inconscientemente, - Claro, aquí nos vemos mañana - Mi vida iba a cambiar.
Caminando de regreso a casa junto a mi madre, ella menciono que no creía lo que estaba viendo, ya que cuando yo tenia 6 años había intentado practicar Karate pero no había funcionado ya que en cada combate lloraba y salia corriendo del Tatami, al decirme eso la mire y solo me quedo decirle - claro, pero tienes que ver que las personas crecen y maduran, aparte lo necesito como no tienes idea.
El primer gran día de mi cambio había llegado, y una gran gama de nerviosismo se sentía en mi estomago. Llegue al Dojo y ya que no tenia karategi o uniforme entre a entrenar con ropa de diario, inicio el calentamiento y poco a poco me sentía con ansiedad y emoción, era algo lógico pues cuando se hace algo nuevo es lo que se siente en si. Una vez que termino el calentamiento, la clase como tal dio inicio, seguida de básicos, que son defensas, ataques, y combinaciones, después por varias Katas, y como gran final 10 minutos de combate, aunque este era sin contacto, un gran miedo se apodero de mi, pero al saber que mi padrino era mi tío y ahora mi Sensei, no podía hacer el ridículo pues solo me quedo defenderme como dios me dio a entender. Al final de clase debo admitir que me sentía feliz, había vencido uno de mis antiguos miedos.
A pesar de que gran parte de mis ideas estaban enfocadas en el Karate y la escuela y aunque mi verdadero deseo se manifestara en menores cantidades sentía que aun estaba presente en mi.
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